Leticia Gracia Navarro

Técnico superior en Educación Infantil

Recuerdo que cuando era niña me sentía perdida, no sabía gestionar mis emociones. Me sentía extraterrestre en un sistema rígido, hostil y falto de inteligencia emocional.

Tenía la convicción de que conforme fuera creciendo vería las cosas desde otra perspectiva, que el hombre va madurando, evolucionando y que los adultos llegaban a desarrollar aspectos de los que yo carecía, pero que sin duda llegaría a alcanzar, o al menos eso deseaba. Cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que el hombre puede desaprender, que no todo el mundo llega a desarrollar unos mínimos de sentido común, responsabilidad y respeto por el medio, por ellos mismos y por los demás.

Recuerdo llegar al instituto con la sensación de que pretendían que aprendiera conceptos, y alcanzara habilidades que no era capaz de asimilar, básicamente porque los conceptos previos, más sencillos, no los había interiorizado e integrado. Ya desde bien pequeña me sentía atropellada por este proceso en el que están involucrados verdaderos insensibles sin conciencia social, faltos de entusiasmo, de preparación y, sobre todo, faltos de sensibilidad.  

A todas estas conclusiones llegué siendo solo una niña, y es ahora cuando respiro aliviada, es ahora cuando he comprendido el sentido de la responsabilidad.  Tras mucho esfuerzo, tiempo y dedicación he aprendido que gran parte de lo que somos, la manera en que nos comportamos, cómo pensamos, o la manera en que resolvemos los problemas está condicionado por la familia y nuestro entorno más próximo, por las circunstancias de vida. Sin embargo, existen dos opciones, por un lado buscar responsables, y por otro optar por la libertad de elegir-se. Es un camino difícil, que requiere perseverancia, pero los logros y los resultados que se van adquiriendo merecen la pena.