Raíces

Así, sentados en los pupitres durante 6 o 7 horas es cómo todavía se pretende enseñar a los más pequeños. Se conoce cómo aprende el organismo, sabemos que la actividad lúdica es una de las más efectivas para aprender, que a través del movimiento se aprende con mayor facilidad y que las experiencias emocionales más intensas serán las que perduren en el tiempo y queden ahí para siempre. Sin embargo, todo se sigue haciendo igual. Muchos y muchas dirán que esto no es cierto, que están habiendo cambios, que los docentes cada vez están más concienciados. Bien, pues les animo a visitar las aulas del primer curso de primaria de cualquier escuela convencional y me cuenten cuantas de ellas, así, a simple vista, se ve diferente de las aulas de hace 15 o 20 años.

La disposición del aula, el ambiente sigue siendo el mismo en un 85%. Las mesas y las sillas siguen estando en la misma dirección. Mirando hacia la pizarra donde un "ser supremo", "que todo lo sabe", nos va a explicar cómo funciona el mundo. ¿Y qué tiene eso de malo?, es muy simple, cuando ves una película, por mucho que te guste, al día siguiente solo vas a ser capaz de retener un 20% de lo que has visto. Sin embargo, si experimentas por ti mismo/a los aprendizajes serán significativos y el cerebro retendrá mucha más información, además de ser necesaria la repetición.

No podemos olvidar que cada organismo es diferente por lo que aprende de diferente forma, por lo tanto, las repeticiones deben ser distintas, es decir, un día se puede realizar una explicación teórica, otro día un ejercicio práctico, otro día un debate... No se trata de enseñar un modelo sino de ofrecer alternativas para que cada uno/a utilice la que mejor le convenga. Y esto sí es inclusión.

Esta disposición de los pupitres no es bueno por muchas razones, pero además de todas las anteriores daré alguna más, parece que el único que debe aprender es el alumno, que el profesor todo lo sabe y que por ello no tiene nada más que aprender, pone al profesor/a en un plano superior y, además, escuchar hablar a alguien durante un largo periodo de tiempo es una tortura china. El cerebro no mantiene la atención consciente durante más de 15 minutos. Y las cases duran unos 50..., evidentemente hay muchas cosas que no funcionan en este sistema educativo.

Esta viñeta de frato me recuerda al "árbol de la motivación" en el que se pueden observar las conductas externas en las ramas, cómo la expresión de este niño en la viñeta, y las conductas internas que están "en las raíces" pero no se ven, que serían los impulsos, las pulsiones y las tendecias. En este caso podríamos hablar de hiperactividad, déficit de atención... ¿Y después nos preguntamos porqué hay tantos niños/as con estos trastornos diagnosticados de una forma torpe y poco profesional? El problema no está en los infantes, sino en cómo hacemos las cosas.